viernes 14 de diciembre de 2018 - Edición Nº598
El Teclado » Derechos Humanos » 8 dic 2018

[DERECHOS HUMANOS] CCD BRIGADA DE SAN JUSTO

“Estoy esperando este día para empezar mi duelo, parte de mi vida está en este juicio”, declaró Zoraida Martín

Dos familias perseguidas y diezmadas. Un plan genocida. El mismo dolor por lo vivido y por los ausentes. Un duelo que recién comienza.


Por:
Virginia Ilariucci

En la continuidad del juicio que se desarrolla desde el 13 de agosto en el Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata por los delitos cometidos en la Brigada de Investigaciones de San Justo durante la dictadura, declararon familiares-víctimas de desaparecidos y sobrevivientes del genocidio. Zoraida Martín, que estuvo detendida en otros campos de concentración, dio testimonio por los secuestros de su hermana, de su padre y de su compañero. Además, Irma Greus relató la persecución y tormentos vividos por la familia Von Schmelling.

Se juzgan a 19 imputados por el secuestro y torturas de 84 personas, de las cuales 28 permanecen desaparecidas. El debate está cargo del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°1 de La Plata, integrado por los jueces Nelson Jarazo, Pablo Vega y Alejandro Esmoris, y se lleva adelante en la sala de audiencias del primer piso de los tribunales federales platenses en 8 y 50.

[EL AMOR Y LA RESISTENCIA]

El 16 de diciembre de 1976 fue el primer allanamiento en la casa de la familia Martín. En esa ocasión fue la Fuerza Aérea. La buscaban a Zoraida, que tenía 16 años y militaba en Montoneros y en la UES. Como no estaba, decidieron llevarse en su lugar a su hermana menor Adriana, que tenia 14 años. Adriana ya declaró en la cuarta audiencia de este debate.
 


[Zoraida Martin fue secuestrada cuando tenía 16 años - Foto: El Teclado]

Ante el peligro, Zoraida se va a Mendoza para ponerse a resguardo, pero la Fuerza Aérea la encontró y la secuestró en enero de 1977. La trasladaron en avión, llegaron a la Base Aérea del Palomar y luego la trasladaron a la Comisaría 3era de Castelar, en donde se encontró con su hermana. A Adriana la tuvieron detenida ilegalmente por tres meses y luego la liberaron bajo amenazas: iba a estar vigilada.

Zoraida luego fue trasladada al CCD Mansión Seré, desde donde fue liberada, casi un año después de su secuestro, el 28 de diciembre de 1977 en un basural en Camino del Buen Aire-Bancalari. Contó Zoraida que ese lugar era el escenario que usaban los genocidas para simular enfrentamientos, arrojar asesinados o liberar detenidos.

Pero cuando Zoraida regresó, su hermana Adriana no estaba. Había sido secuestrada nuevamente el 29 de septiembre de 1977, cuando sólo tenía 15 años de edad y en esta oportunidad la llevaron a la Brigada de Investigaciones de San Justo, donde estuvo hasta el 30 de enero de 1978, momento en que recuperó su libertad. El segundo secuestro de Adriana se enmarcó en un operativo en el que durante ese mes secuestraron a una decena de adolescentes que militaban en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) de la Zona Oeste.
 


Los pibes secuestrados son los hermanos Ernesto “El Topo” Corrales, secuestrado el 7 de septiembre y su hermano Osvaldo Raúl “Café”, detenido seis días después, que eran militantes de la UES del partido de 3 de Febrero. Sonia “La Negrita” Von Schmeling, Marcelo Roberto “Chelo” Moglie, Enrique Ricardo “Pluma” Rodríguez, Ricardo “Polenta” Pérez y los hermanos Jorge Luis y Alejandro Fernández eran militantes de la UES. Todos ellos fueron detenidos entre el 16 y el 28 de septiembre de 1977 en la zona de Castelar/Ituzaingó.

Durante ese período también fue detenido el 20 de septiembre de 1977 Alejandro Fabián “Indio” Aibar, militante de la UES en Moreno. Todos fueron llevados a la Brigada de San Justo. De todo ese grupo, la única sobreviviente fue Adriana, que fue liberada en enero de 1978.



A su regreso a casa, Zoraida se enteró que tampoco estaba su padre Manuel Ángel Martín, que había sido secuestrado pocos días después de su hermana, en noviembre de 1977, y regresó liberado pocos días después de ella. Y a quien nunca más volvió a ver fue a su compañero, con quien planificaban una vida juntos, Rubén Enrique Cabral, de 23 años, que fue secuestrado en octubre de 1977.

Pero además de las ausencias, al regresar Zoraida se encontró con una madre joven, de 36 años, envejecida, blanca en canas. Cuando Adriana fue liberada, “estaba transparente, no comía, era un cadáver, no podía ni caminar. Mi madre le tenía que dar agua con cucharita”, describió la testigo al tiempo que agregó que “lo único que Adriana quería era avisarle a las familias de sus compañeros de cautiverio”, lo que hicieron ese mismo día. En esas primeras horas de reencuentro, Adriana le relató lo que vio, escuchó y sufrió dentro del centro clandestino. Además de nombrar a sus compañeros, relató el fusilamiento del grupo de los adolescentes. Un día los sacaron en varios autos, los llevaron a un descampado y los mataron a todos, menos a Adriana.
 


Manuel Ángel Martín era un laburante y no sabía de la militancia de sus hijas. “Mi viejo cobró por ser buena gente. Lo único que hacía era trabajar y encargarse que no nos faltara para comer. Por eso no entendía cuando le preguntaban por nosotras. Fue duramente torturado. A raíz de ello, le quedó una infección muy grande en la pierna, casi al borde de la amputación”, rememoró la mujer. “Durante muchos años yo me sentía culpable de lo que le había pasado a mi familia. Además porque los genocidas me lo decían todo el tiempo. Pero mi padre nunca me echó en cara lo que había pasado. Durante mucho tiempo si yo me sentí culpable”,

Entre otras cosas, Manuel Ángel le relató a sus hijas un episodio que lo marcó a fuego. En la Brigada también estuvo detenido Hermann Von Schmeling, el padre de Sonia. Tenía 38 años y era directivo de luna empresa. Fue secuestrado en dos oportunidades, la primera vez fue el 8 de octubre de 1976 y permaneció detenido en la Comisaría 3ra de Castelar hasta mitad de noviembre de ese año. De la última, el 15 de noviembre de 1977, no sobrevivió. Compartió celda con Don Martín, quien fue testigo de su muerte producto de la tortura. Dejaran su cuerpo durante muchas horas en la celda con él. Zoraida relató que esta experiencia fue extremadamente traumática para su padre.

[RUBÉN Y EL DUELO]

Rubén Enrique Cabral le decía “Guli”, estaba en Montoneros Zona Norte y luego lo destinan a Zona Oeste. Llegó y empezó de cero. Allí se conocieron con Zoraida y se enamoraron. El era técnico de IBM y hacía service en las computadoras de los bancos. Jugaba al ajedrez y estudió psicología. “Tenía mucha paciencia, era tranquilo, muy sereno. Yo era revoltosa y él paciente. Una persona con mucho amor, mucho convencimiento y dedicación. Para mi hasta el día de hoy es irremplazable”, relató, amorosamente, Zoraida.

“Tenía un proyecto de vida con Rubén. Pensaba casarme, tener hijos, una vida feliz”, contó la mujer de 58 años, que recuerda vívidamente a quien fue el amor de su vida. “Yo estoy esperando este día para empezar mi duelo. Parte de mi vida está en este juicio por mi papá, mi hermana y mi compañero”, expresó Zoraida.
 


Cuando a Rubén lo secuestraron en octubre de 1977 fue alojado en la Brigada de San Justo, pero en una oportunidad fue llevado hasta Masión Seré donde estaba Zoraida, para confirmar informaciones. Esa fue la última vez que lo vio. “Allí los genocidas tenían una pizarra en la sala de torturas donde anotaban, por organización política, quienes estaban detenidos, los asesinados y quienes faltaban. De Zona Oeste no quedó ninguno sin detener”, dijo Zoraida ante el tribunal.

Adriana le contó sobre su cautiverio. “A Rubén lo picanearon tanto que una vez pude ver por una hendija de la celda. Tenía los testículos totalmente quemados. Él estaba seguro de que no iba a sobrevivir, y de conseguirlo, que no iba a tener hijos con vos porque no iba a poder”, contó Zoraida sobre el relato de su hermana inmediatamente de conseguir la libertad. Además Adriana le dijo que se dio cuenta de su muerte ya que diariamente los carceleros pasaban lista de los detenidos en la Brigada y en determinado momento a Rubén ya no lo nombraban más. La hermana le describió que de la celda de su compañero salía un olor nauseabundo, “estaba podrido”, le dijo.
 


"Durante muchos años no le encontramos sentido a estar vivas. Mi hermana durante mucho tiempo se consideró muerta, después de ver morir a tantos compañeros".



“Muchos años no le encontramos sentido a estar vivas. Mi hermana durante mucho tiempo se consideró muerta, después de ver morir a tantos compañeros. Mi compañero fue asesinado en la Brigada de San Justo, mi padre murió años después a causa de las huellas que le dejó el terrorismo de Estado en todo su cuerpo. Nuestra vida estuvo signada por todo esto”, describió Zoraida. Luego agregó que “Para no darles el gusto a ellos (a los genocidas), tuve una hija. La violación sexual dejó muchas huellas. Mi hermana tuvo que hacer un tratamiento durante cinco años para poder tener un bebé. Tuvo varios embarazos psicológicos. Las secuelas del terrorismo de Estado en nuestra familia fueron terribles”, describio,con dolor, la sovreviviente.

[EL PALOMAR]

La Brigada Aérea de El Palomar fue calificada como Sitio de Memoria por la Secretaría de Derechos Humanos en los términos contemplados por la ley 26.691, para facilitar las investigaciones judiciales en varias causas, ya que allí funcionó un Centro Clandestino y además era el lugar desde donde partían los llamados “vuelos de la muerte”. Se pudo establecer que la Sub-Zona 16 estuvo bajo responsabilidad exclusiva de la Fuerza Aérea dentro de los Partidos de Merlo, Moreno y el Viejo Morón. La Fuerza de Tareas 100 funcionó en coordinación con los CCD Mansión Seré y el Hospital Posadas.

El día 16 de septiembre de 1977 las fuerzas represivas cercaron la casa de la familia Rodríguez, en la calle 4 de septiembre 2270 en Hurlingham, y hubo tiroteo. Secuestraron a Enrique Ricardo “Pluma” Rodríguez y a su compañero Ricardo “Polenta” Pérez. En su intento por resistir el secuestro de su hijo y de su compañero, asesinaron a Juan Ventura Rodríguez y Elda “Fanny” Rodríguez. Dos días después del secuestro de los pibes y del crimen de los padres de Enrique, dos camiones de las FF.AA. robaron todas las pertenencias de la casa. Los jóvenes permanecieron detenidos en San Justo al menos hasta finales de diciembre de 1977.

Zoraida recordó que en su paso por la Brigada del Palomar, cuando la trasladaron desde Mendoza, vio en el hangar donde los retenían y toturaban los muebles de la familia Rodíguez. Agrego además que esta circunstancia fue declarada por conscriptos que hicieron el servicio militar alli y que dieron cuenta de ello en el juzgado de San Martín donde se tramitó la causa. Sobre los vuelos de la muerte, Zoraida fue testigo directa: “Yo vi salir compañeros en los vuelos de la muerte y subirlos al Hércules. Vi como le inyectaban el pentotal en la espalda en la Mansión Seré. Yo ya lo declaré en el juicio y fue juzgado”

Vecinos de la zona y organismos de derechos humanos presentaron solicitaron una medida cautelar para que la empresa low cost Flybondi no operara desde allí, por el impacto a la población circundante y porque allí hubo un centro clandestino.
 


LEER TAMBIÉN: "Aeropuerto de El Palomar, de los vuelos de la muerte a una aerolínea low cost que desoye a la Justicia"


 

El pasado 10 de enero, la jueza federal de San Martín, Martina Forns, dictaminó que El Palomar no podía empezar a utilizarse como aeropuerto comercial hasta que se presentara el estudio de impacto ambiental, no obstante el 1 de febrero emitió un dictamen que autorizó el inicio de los vuelos. Hoy, el hangar donde estuvo secuestrada Zoraida y desde donde salían los “Vuelos de la muerte” forma parte de la terminal aérea de la empresa que brinda vuelos baratos pero inseguros.

[FAMILIA VON SCHMELLING]

También dio testimonio Irma Cristina Greus, que contó los detalles de las desapariciones de su sobrina y su cuñado, Sonia y Hermann Von Schmeling. Pero además relató su propio secuestro y el de su madre, su padre y su tío cuando en pleno secuestro de Sonia y Hermann los llevaron a la Brigada de San Justo a fin de obtener información sobre ellos.

Hermann Von Schmeling tenía 38 años y era directivo de la empresa C.A.D.E.C.A.. Fue secuestrado por la dictadura en dos oportunidades, y tenía un gran compromiso con la comunidad de Villa Udaondo, en especial con lo que hoy es la Unidad Sanitaria “17 de Octubre”, la entonces salita del barrio. La primera vez fue el 8 de octubre de 1976 y permaneció detenido y torturado en la Comisaría 3ra de Castelar hasta mitad de noviembre de ese año. A raíz de su secuestro se mudaron preventivamente a una casa en Olivos. Sin embargo los volvieron a encontrar. La segunda vez se llevaron a los dos.
 


[Irma  Greus dio detalles de las desapariciones de su sobrina y su cuñado, Sonia y Hermann Von Schmeling - Foto: El Teclado]

 

A Sonia Von Schmeling, de 16 años, le decían “La Negrita”. Concurría al Colegio Nuestra Señora de Lourdes, en Villa Udaondo, partido de Castelar y militaba en la UES. A pesar del peligro, Sonia que cumplió sus 17 en cautiverio, no quería perder su grupo de militancia y sus compañeros, así que siguió yendo al mismo colegio.

El 27 de septiembre de 1977 una patota irrumpió en la casa en la que Irma vivía con sus padres buscando a su cuñado Hermann. No estaba allí. Cuando se fueron, ya de madrugada, llama por teléfono a su hermana, Elena Greus de Von Schmelling, para avisarle y ella le dice que se habían llevado a Sonia de Olivos. Ya era el 28 de septiembre de 1977. Nunca más la volvieron a ver. Y ella nunca pudo conocer a su hermanita menor Heidi que nació el 24 de octubre, a quien esperaba con mucha ilusión.

El 15 de noviembre secuestraron por segunda vez al padre de la familia, en el trayecto mientras se dirigía a la fábrica a trabajar. La noche siguiente Irma se quedó a dormir con su hermana y sus otros cuatro sobrinos, y a la mañana siguiente, dentro de su lugar de trabajo, una patota la fue a buscar. Una hora antes de su secuestro recibió una llamada de su hermana preguntándole si estaba bien, ya que había llamado su madre preguntando dónde estaba. Este llamado la alertó de que algo raro pasaba.
 

 

La secuestraron a la vista de todos, la encapucharon y la llevaron para interrogarla a un lugar, que por la descripción, podría ser la Brigada de San Justo, donde estaban su sobrina y su cuñado detenidos ilegalmente. Allí, sobre sus familiares los genocidas le hablaron de un “traslado”, lo que Irma interpretó como una promesa de que iban a recuperar su libertad. Luego de unas horas en la Brigada, la liberaron. “Tuvimos mucho tiempo la esperanza de que volvieran. Después de muchos años nos dimos cuenta que el “traslado” era la muerte, la ejecución”, lamentó la mujer ante el tribunal.

Al regresar a su casa se entera que la noche anterior la habían ido a buscar a su casa y al no encontrarla se llevaron secuestrados a su madre Eufemia Gregoria Lamilla, su padre Adolfo Greus y un tío, Jorge Ignacio Galup. Los interrogaron durante toda la noche y les dijeron que a Hermann “ya lo tenían medio muerto de la paliza que habían dado”. A la mañana, obligaron a Eufemia, a punta de pistola en la cabeza, a llamar a su Elena para saber el paradero de Irma. Esa fue la llamada que las había alertado.

Ni Sonia ni Hermann volvieron a su casa. Hasta el día de hoy permanecen desaparecidos. Aunque nunca dejaron de buscarlos. En 1978 Irma y su madre se encontraron con Adriana Martín que les contó sobre el cautiverio que compartió con Sonia. Entre los detalles que les brindó, les dijo que un día Sonia estaba muy angustiada porque había visto a su abuela en la Brigada y eso la había puesto muy mal. Además, su padre le contó que a la mañana, mientras estuvieron allí siendo interrogados, se escuchaba el bullicio de chicos en el recreo de una escuela contigua. Toda la familia estuvo en el mismo centro clandestino, sin saberlo.

Finalizó su testimonio pidiendo que se haga justicia. “Lo que hemos vivido y seguimos viviendo es tremendo. Nos arruinaron la vida a toda la familia, porque no podemos volver atrás y la persona que no está no la podemos recuperar. Yo sufro por lo que nos pasó. Yo vi sufrir a mi hermana y mis sobrinos. Que se haga justicia. Y eso es que los responsables permanezcan presos. No tiene que existir esto nunca más. Y que las condenas deben ser ejemplares. ¿Qué diferencia hay entre estos hombres y los nazis?. Ninguna. Solo quiero que se haga justicia”, concluyó. [El Teclado]

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