domingo 11 de abril de 2021 - Edición Nº1447
El Teclado » Derechos Humanos » 24 mar 2021

24M en el interior bonaerense

Lo que “nos pasó”: memorias de un villeguense que sobrevivió a la dictadura

Sergio Recarte tenía 20 años cuando fue detenido. Durante el Mundial de Fútbol del '78 fue liberado y obligado a exiliarse. Hace 30 años volvió a la Argentina, pero recién hace una década pudo contar su historia.


Por:
María Eugenia Suárez

Sergio Recarte duerme la siesta de 14 a 16. Desde hace más de 30 años abraza la rutina de General Villegas y en aquella ciudad, como muchas del interior, el descanso post almuerzo es una costumbre impostergable. Del otro lado del teléfono me avisa que está mateando. En una charla extensa y emotiva con El Teclado nos trasladamos a su adolescencia, a un paraje perdido en el noroeste bonaerense, a su paso por La Plata, a los días de encierro en los calabozos más oscuros de la historia argentina, al olor a muerte, a la lucha inclaudicable de su padre para lograr su liberación de las garras de la dictadura, a la despedida sin despedida de su tierra, al exilio y al regreso al país cuando la flamante democracia lo hizo sentir seguro. Un relato donde la singularidad no existe. “Yo hablo en plural. Fue nuestro proyecto de vida. Hicimos, no hice. Fuimos, no fui. Nos pasó, aunque me pasó”, dice.

Recarte tiene 65 años. La pandemia lo encuentra en “la retaguardia” del comercio que junto a su esposa abrieron hace más de 30 años. Nekane, una galletitería muy conocida de la ciudad, no sólo homenajea con su nombre a su compañera de vida, también remite a su paso por las tierras en las que volvió a nacer, el País Vasco. “Me tengo que cuidar la salud”, dice y como si necesitara una excusa advierte que por el Covid no podrá participar de las actividades que este 24 marzo desarrollará la Comisión por la Memoria, Verdad y Justicia.

No hace muchos años que comenzó a hablar de cómo la dictadura le arrebató años de felicidad. El surgimiento de la Comisión, las actividades, las conversaciones y los testimonios de familiares de desaparecidos fueron un puente para terminar con los años de silencio. Su padre, que escribió un diario con su búsqueda, no pudo responder las preguntas que no encontró en aquellas memorias. Cuando se sintió preparado para hilvanar la historia de aquellos años oscuros había pasado más de una década de su muerte. “Hay muchas cosas que no pude hablar con él por mi propia capucha que, mentalmente, la tuve puesta muchos años”, dice con pesar.

 

 

[DÍA FATÍDICO]

“En marzo del ‘74, una vez finalizada la secundaria, partimos a La Plata, lugar al que iba la mayoría de nosotros a estudiar. Fui becado por la municipalidad para hospedarme en la Casa de Villegas, un inmueble que había comprado el municipio. Éramos 19 y fuimos los primeros. Yo quería ser veterinario”, recuerda Sergio, que a lo largo de la charla me pide varias veces que lo tutee. Hasta aquel momento su vida se dividía entre la casa de sus abuelos, ubicada en General Villegas, los partidos de futbol en el club Sportivo, los amigos de “atrás de la vía” y la casa de sus padres ubicada en Drabble, un paraje rural ubicado a 27 kilómetros de Villegas cuyo movimiento giraba alrededor de la estación de trenes donde su padre prestaba servicios ferroviarios.

Si bien la militancia activa la conoció en La Plata, en el pueblo abrazó la doctrina peronista. “En el ‘72 vi el paso del tren por Drabble con un montón de gente que iba a Ezeiza a recibir a (Juan DomingoPerón. Yo estaba en el andén y aquello fue increíble, como una película de (Federico) Fellini, fue impactante la algarabía”, dice y repasa detalles de aquel histórico día.

“Empiezo a estudiar y también a militar, pero con ciertas dudas porque uno cuando viene de un pueblo está alejado de todo eso”, recuerda y agrega: “Eran tiempos de efervescencia política, con una gran esperanza porque habíamos retomado la democracia y éramos gobierno después de 18 años de proscripción (del peronismo)”.

“Lo que primero absorbo es la lucha por una universidad libre, gratuita y popular y después la justicia social, la soberanía política e independencia económica, además un ideal de patria grande. En aquella época y en esa ciudad, era raro no participar de política. En ese río tumultuoso mojamos las patas. A algunos nos llevó la corriente y otros quedamos en la orilla”, cuenta.

Sergio habla de “fatídico día” para referirse al 19 de marzo de 1976. Es que hace 45 años, tras participar de una marcha, su vida cambió para siempre. “Si bien mi militancia era muy periférica en la JUP (Juventud Universitaria Peronista), era muy activo dentro del centro de estudiantes de la Facultad de Veterinaria. Eran días angustiantes, veíamos que el golpe de estado era inminente y se organizó una manifestación”.

 

24 DE MARZO DÍA DE LA MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA. La memoria de sus vidas esta presente para que construyamos un mundo mejor. Alberto Ezcurra Correa. PRESENTE!

Publicado por Sergio Recarte en Lunes, 23 de marzo de 2020

[DESAPARECIDO, DETENIDO]

Acudió y fue detenido. En su bolso llevaba folletos del centro de estudiantes. “Ahí entré en una etapa de oscuridad, capucha de por medio”, dice recordando sus lejanos 20 años cuando la vida se volvió una lucha diaria para esquivar la muerte.

El itinerario de su desaparición fue descripto por su padre en un diario. “Para mis padres fue como si se hubiera caído el mundo sobre la estación ferroviaria porque desconocían todo eso, la percepción era distinta. Drabble era una estación con tres o cuatro casas, era la soledad de las soledades. Ellos desconocían el accionar armado de la guerrilla, el accionar de la Triple A, todo eso se veía como algo lejano”.

El desconocimiento no apabulló a su padre que lideró la búsqueda. Su madre, golpeada por la noticia, cayó enferma. “Se encontró con paredes, con situaciones aberrantes, porque en las mismas comisarías le recalcaban que mis posibilidades de sobrevivir eran casi nulas”, dice Recarte y recuerda que su padre hasta llegó a meterse por una ventana en la oficina de Tribunales para averiguar el destino de un habeas corpus que había presentado.

Cuando fue detenido fue alojado en la Comisaría 8ª, luego pasó a la 5ª, hoy Espacio de Memoria, y finalmente estuvo en 1 y 60, conocido como el “chupadero”, donde está ubicada la Dirección de Infantería y el Regimiento de Caballería. No recuerda si fueron 15 o 20 días en los que permaneció como desaparecido antes que lo “blanquearan” y lo trasladaran a la Unidad Penal N° 9. “Ahí ocupamos una cárcel que se había vaciado de presos sociales para recibir a los presos políticos que desbordaron el lugar”, describe Recarte.

“Permanecí a disposición del Poder Ejecutivo sin causa alguna y años después fui liberado en calidad de exiliado político por medio de la opción”, señala en referencia a un artículo constitucional que permite a los presos, ante un Estado de sitio, en esa condición judicial elegir ser “expulsados” del país. La segunda vez que pidió “la opción” fue concedida. Hacía más de dos años que estaba detenido y su salida coincidió con el Mundial de Futbol de 1978, la pantalla que usó la dictadura para esconder la violación a los derechos humanos. “Abren la canilla y dejan escapar algunas gotitas”, recuerda y agrega que fueron elegidos entre 10 y 15 presos.

En Ezeiza, ante la mirada atenta de los militares que lo custodiaron hasta que se ubicó dentro del avión, se reencuentra con la familia. “Fueron crueles hasta el final. Mi madre quería que me cambiara de ropa porque estaba con lo que me habían detenido y no me querían sacar las esposas”, recapitula y agrega: “Me despedí así nomas, era tan fuerte la escena que una azafata se largó a llorar. Me sellan el pasaporte y es como si me hubieran dado una puñalada”.

 

¡PLANTAMOS MEMORIA!  En el marco del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, nos sumamos a la...

Publicado por Comisión de la Memoria - Gral. Villegas en Domingo, 21 de marzo de 2021

 

[EXILIO Y REGRESO]

Su destino, entre un abanico de opciones europeas atadas a sus raíces familiares, fue el País Vasco. El paisaje cambió. Del gris y el olor a muerte, pasó a un verde montañoso. “Llegué destrozado, física y mentalmente, a la aldea que mi abuelo abandonó con 14 años y nunca más volvió”, señala Sergio y retoma: “En el País Vasco encontré mi segundo hogar, mi segunda madre y mi segunda patria”. Toda una familia lo esperaba en un lejano pueblo. “Mariluz (su segunda madre) me preparó un café con leche. Ahí empecé a comer y a engordar”, dice entre risas.

La mañana del 19 de marzo de 1976 cambió su vida y aquel día también. En Europa conoció a su esposa y con ella emprendió el regreso a Argentina cuando la democracia le dio garantías de seguridad. Primero un viaje de reencuentro en 1984 y la vuelta definitiva en 1987.

“No hay detenidos legalizados en Villegas, soy el único. Si hay detenidos desaparecidos, nueve. Uno de ellos estaba conmigo en la pensión, Roberto Suárez, que lo mataron en un allanamiento en la esquina de la casa de Villegas en 1977. Yo me había bloqueado y no pude conectarme con nadie. En los ‘90 volví a La Plata y fue un viaje fatal, se agitaron los fantasmas. Uno nunca se recupera de estas situaciones, yo la soporto. En la presentación del libro hubo algunos compañeros, pero la realidad es que de los que estábamos militando no quedaron muchos con vida”, relata sobre el final de la charla.

En el exilio descubrió la escritura y por estos días cuenta con tres libros editados. El segundo, “El aliento de la memoria”, recupera las memorias de su padre. “No me arrepiento de nada, porque nada malo hice. Rescato lo que perseguimos. Aquello fue un momento de la historia en la que pusimos las patas en el barro, nos embarramos contra viento y marea, dimos todo lo que pudimos dar. No fue solamente utopía, fue una situación que se buscó cambiar. Yo siempre hablo en plural no hablo en singular, porque fue nuestro proyecto de vida. Hicimos, no hice. Fuimos, no fui. Nos pasó, aunque me pasó”, concluye Sergio Recarte, uno de los pocos sobrevivientes de los años más oscuros de la historia argentina. [El Teclado] 

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